Lo que realmente ocurre en tu primera sesión, sin mitos ni presión
La primera sesión de terapia suele generar más incertidumbre que cualquier otra: no sabes qué decir, si "mereces" estar ahí o qué va a pasar. Por eso es útil saber de antemano cómo funciona.
En general, el encuentro inicial se dedica a conocerse. El terapeuta te recibirá en un espacio tranquilo (o por videollamada) y te invitará a contar por qué decidiste llegar: qué te preocupa, cómo te sientes, qué has probado hasta ahora. No hay preguntas trampa ni juicios: el objetivo es construir confianza y entender tu contexto.
También es un buen momento para fijar expectativas: qué quieres lograr, con qué frecuencia te gustaría sesionar, y qué significa para ti "avanzar". No necesitas llegar con respuestas definidas; es normal que la primera sesión termine con más preguntas que certezas, y eso es parte del proceso.
Para prepararte: elige un momento del día en que estés más disponible, anota antes los temas que te pesan (no para leerlos, sino para no olvidarlos) y recuerda que tú marcas el ritmo: puedes ir más lento, cambiar de tema o pedir pausas. Si tras la primera sesión sientes que "no era para ti", también es información válida, y en Lumbre puedes revisar perfiles de otros terapeutas hasta encontrar el enfoque que mejor resuena contigo.
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